AMOR DE NOVELA
Noviembre 10, 2011 por Aloyma RaveloTengo 37 años y una niña de 18 en la universidad, creo que estoy muy enamorada, tiene que ser eso porque nunca en mi vida había sentido eso que señalan las novelas. Cuando estamos juntos, las horas pasan sin darnos cuenta, digo sin darnos, porque a él le pasa lo mismo que a mí.
Cuando me besa siento que se me aflojan las piernas, cuando me mira, me dan deseos de besarlo y no soltarlo nunca, las conversaciones son todas una maravilla, tenemos los mismos puntos de vista, los mismas afinidades en la música, la lectura, nos gustan los mismos géneros de la literatura, y todo lo que miro y leo, me hacen pensar en él, pues todo encaja con nuestra historia de amor.
Amiga, es para mi súper increíble que realmente me esté pasando todo esto, que más bien son razones de ficción. Otra cosa que jamás pensé experimentar es que el amor duele. Cuando hemos tenido algún que otro problema, me duele y mucho, se me hace un nudo en la garganta que me coge todo el pecho y me ahoga, no puedo pensar en otra cosa que no sea en la posibilidad de verlo, hablarle, y cuando al final todo regresa a su sitio, siento como que se hace más sólida la relación.
PERO, es casado y como comprenderás se dificultan cosas. Siempre no podemos estar juntos.
No quisiera que su hijo pase por lo de mi hija. Yo soy divorciada, y como se dice, su padre y madre. También, está el hecho de esa frase popular: “los casados nunca a dejan a su esposa”, y por cosas de la vida, soy un poco desconfiada y me digo si se lo hace a su esposa ¿qué esperas para ti?
El “venao” siempre tira para el monte y me respondo: “estás perdiendo el tiempo”, pero cuando él me dice te amo, que me necesita, mis fuerzas se quiebran.
Creo además que soy la pata que le falta a su mesa para que su matrimonio funcione, yo no quiero eso, no me conformo, pero jamás le digo ni lo pongo en posición de escoger, sería un atrevimiento de mi parte, por supuesto lo acepté así y tengo que admitir las cosas como son, pero qué puedes hacer cuando quieres más, ¿tengo que decirme me separo? Qué dolor tengo en mi alma de pensar en vida sin él pero no se si renunciar a esto que siento por primera vez…. Dime por favor.
Daymaris
Amiga, pocas veces publico una carta tan larga, pero en tu caso, no hallo forma de sintetizarla respetando tu manera de decir, y la visión real de lo que estás sintiendo y por todo lo que estás pasando, tus pasiones, contradicciones y angustias.
¿Qué decirte? Es complicada realmente la situación en que me coloco. Quisiera tener todas las palabras apropiadas para ayudarte realmente. Pero el primer y gran obstáculo que encuentro es hacer razonar a una persona que ama tanto a otra. Como dices y es muy conmovedor: “Qué dolor tengo en mi alma de pensar en vida sin él”.
En cualquier caso, y no solo en el tuyo, hay que contar con esa posibilidad. No solo porque los amores se agotan, terminan o no convienen, la mayoría no son eternos, y hay que estar preparada para seguir la vida.
Por muy dura y difícil que resulte esa idea, a ella puedes irte adaptando, a medida que interiorices que el ser humano no es solo sentimiento, pasiones, emociones…
Vamos a los argumentos: Tienes 37 años, aún demasiado joven para que no aspires a un amor para ti sola. Dices que debes aceptar su situación de casado. Creo que tienes la opción de elegir otro camino. Sabes que ser la amante significa renunciar a muchas cosas, y no tener a esa persona a tu lado cuando te haga mucha falta, por otros asuntos de la vida, no relacionados con el amor de pareja.
Está también tu hija que ya no es una niña. Ella debe conocer o sospechar de tu relación triangulada, y el ejemplo que le estás ofreciendo no resulta el mejor, sin dudas y debes seguramente admitirlo.
Daymaris: ser “la pata que le falta a su mesa para que su matrimonio funcione”, es una estocada muy profunda a tu autoestima. Lo sabes y lo reconoces.
Si te soy sincera, no puedo dejar de decirte que una mujer debe aspirar a una relación tal y como ella desea. Y tú no deseas para nada compartirlo. En esto debes pensar, conversar con él, y decidir.
Cuando resolviste escribirme, es porque tus niveles de felicidad no compensan ya las angustias y las contradicciones que estás sufriendo.
Recuerda amiga, que cuando una se deja llevar demasiado por las pasiones y los goces de esas pasiones, la ligereza en el pensar y el raciocinio, se enlentecen y no nos ofrecen una realidad objetiva y exacta de lo que más nos conviene.
Saber lo que hay que hacer, no lo hace más fácil ni menos doloroso. Pero ayuda.
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